15 de marzo de 2016

Ejercicio de escritura No.3: Curarse




Curarse. 


¿En realidad existe cura para los sentimientos? Más que curarse se decantan, les sale costra, dejan de doler, la costra cae, la zona se insensibiliza y con el tiempo, mucho tiempo, la línea delgada y decolorada nos recuerda lo que fue un gran dolor, ya no duele, claro, pero si pasamos un dedo por encima, notamos que esa piel aunque se ve sana, no siente, su forma de curarse es deshabilitar la opción de sentir. Puede ser delgada, clara y en algunos lugares no muy perceptible, pero ahí está, ahí va a quedarse con su sutil muerte hasta nuestra propia muerte. Algunos masoquistas la acariciaran de vez en cuando, esperando que vuelva a sentir o recordando el trauma que la ocasionó, quien va a saberlo, algunos otros la maquillarán para esconderla “que nadie sepa mi sufrir” dice la canción, pero el sufrir como la línea estará ahí grabada hasta la muerte o hasta que la cantidad de líneas recogidas en el camino sea mayor que la piel sana y la insensibilidad mate al portador.


¿Es eso la vida? Acumular dolores, dejarlos cicatrizar, maquillarlos, ¿es acaso eso el amor? ¿Acumular líneas que evidencian los fracasos? 


Es posible en un acto de locura hacer una incisión alrededor de la línea ya vieja, retirarla en las capas necesarias y crear una nueva cicatriz que empiece el ciclo pero que nos recuerde ya no ese dolor del pasado sino un dolor nuevo, creado, pedido, buscado. Uno que aunque sea mayor logre borrar el anterior.


¿Qué nos empuja a seguir cayendo? a seguir buscando ideales que sabemos que tienen una alta probabilidad de convertirse en cicatrices, en líneas blancas que insensibilizan secciones cada vez más extensas de nuestra piel. ¿Qué nos permite seguir viviendo, ajenos a la cantidad de líneas que nos atraviesan insensibilizándonos lentamente, mortalmente?


¿Terminar un texto con preguntas tiene sentido? ¿Lo encontrará algún día alguien que le dé respuesta? Y si eso pasa, ¿servirá de algo si el que lo escribió nunca recibe el mensaje del que logró responderlo?


9 de marzo de 2016

Rompecabezas




Hace muchos años, cuando la escritura era solo un pasatiempo que se quedaba abandonado en las páginas finales de un cuaderno de universidad, leía a los famosos y me preguntaba que tenían en la cabeza, que los llevaba a crear historias que lograban sorprenderme, inquietarme o a veces aburrirme.

Me pasaba, como me sigue pasando cuando escucho con detenimiento la letra de una canción, que intentaba descifrar cada palabra, cada frase usada para hacerme una idea del propósito de la historia. Un dolor, una decepción, un amor incomprendido, un hijo perdido. Algunas veces, busco en Internet la biografía del autor para, en un trabajo de detective, descubrir que pasaje de su existencia está plasmando en lo escrito. Con los avances tecnológicos es más fácil la tarea, aun así, si pudiera tener un don sobrehumano, me encantaría ser un narrador omnisciente en la vida real, poder seguir a las personas, ver que hacen tras las puertas cerradas, poder entrar a sus mentes y desenmascarar la verdad de sus gestos, saber con certeza que esconde una sonrisa o un guiño, escuchar el discurso que esconde un silencio, el verdadero sentido de un comentario suelto.

Ahora que puedo tocar y sentir uno de mis libros, pronto dos, que puedo con ojos de lector desprevenido recorrerlos, cambian las preguntas. Ya no busco entrevistas hechas al autor para juntar fichas de rompecabezas entre lo que ha vivido y lo que narra, ahora puedo leer en ellos una frase y saber si tiene relación con mi vida o no, entonces, ahora que estoy al otro lado del texto, me pregunto si alguien allá afuera está haciendo la tarea con mis historias de buscarme ahí, de querer saber si lo que escribo es una consecuencia o un resultado de lo que he vivido y en silencio sonrío, en silencio enrojezco, en silencio medito, porque cuando volteo el ejercicio y analizo mis escritos, los ordeno en el piso como fichas por colores, separando azul de cielo de azul de mar, agrupando verdes claros y verdes más oscuros, y veo desde arriba el trabajo por hacer, las fichas por juntar, entiendo que al cerebro lo alimentan las vivencias, pero su capacidad de crear es tan ilimitada, que podría fácilmente confundir al más experto psicoanalista. Que no vale cuanto investigue al autor de un texto, armar un rompecabezas de lo que plasma en el papel siempre va a ser una tarea imposible.

2 de febrero de 2016

Sobre la Coherencia



RAE. Coherencia: Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

Actitud lógica. Para empezar, la lógica que como el sentido común debería ser “común” a todos los humanos, es evidentemente inexistente en una gran cantidad de la población y se ve en cosas tan simples como que se abre la puerta del transmilenio y los que están esperando se lanzan para subirse ignorando lo que es evidente, que van a tener más espacio si dejan primero bajar a los que lo intentan por encima de ellos. O cuando ve uno que el taxi para sobre la vía, a dos metros de una bahía donde podría detenerse sin afanes y sin incomodar el tránsito. Pero digamos que no es falta de lógica sino de educación, culpemos a nuestros antecesores por heredarnos la chambonada.

“Acritud consecuente con los principios que se profesan”, y ahí si se complica la cosa, porque vemos fenómenos que ocurren usualmente entre gente culta y teóricamente bien educada, que anda alardeando de una cantidad de “principios” que en la práctica los hacen quedar muy mal. Verbigracia: el fulano que nunca cumplió con los preceptos del credo en el que fue criado, habla de amor y bondad, vive en función de convencer a los demás, mientras que en la casa le pega a la mujer y manejando es un cavernícola que agrede e insulta, en fin.

Pero más simpático aún, el caso de estos mandatarios con su discurso en contra del capitalismo yanqui que se quejan airadamente desde un púlpito llevando puesta una sudadera Nike. O nuestros ex guerrilleros socialistas que viven en una casita de más de dos mil millones, andan en camioneta blindada con chofer y escolta mientras hablan de bien común e igualdad social. O todas estas mentes fugadas que desde sus países capitalistas hablan de lo mismo, apoyan a los anteriores tomando te en vajillas de porcelana fina y nunca han visto a un pobre de cerca, evidentemente tampoco han movido un dedo para ayudar alguno.

Entonces pienso yo ¿es tan difícil ser coherente? ¿Es necesario pregonar teorías que no son realidad ni en nuestra propia casa? No es más fácil pasar por la vida tratando de ser útiles a los demás, sin tanto título y tanta teoría en la cabeza que a la final y en la vida diaria no beneficia a nadie. No sé, yo no soy tan letrada, pero si no ayudo, al menos no estorbo.

12 de enero de 2016

Expuesto



Sentía el frio de la pared en su espalda, no le importaba que la vieran ahí sentada, casi tirada contra el muro. Sus ojos seguían clavados en la curva al final del corredor. La luz que entraba por las múltiples ventanas pintaba de amarillo el lugar, un amarillo que le pareció ocre, lo demás café, como manchado por un reguero de tinto. Quería moverse, irse, pero era imposible levantar ese cuerpo que en ese instante pesaba tanto.

Maldecía el momento en que el día había cambiado tan drásticamente, estaba destinado a ser un día feliz, después de tocar tantas puertas, de hablar con tanta gente, de luchar contra la burocracia, logró que el museo aceptara incluir dos de sus fotos en la exposición de Fotografía Joven, eran solo dos, pero después de lucharlo tanto, dos eran todo un triunfo.

Era el primer día de la exposición, el gran día, tenía la ropa preparada desde que aceptaron sus fotos, un pantalón de manchas en negro y blanco, camiseta blanca, una chaqueta gruesa, regalo de su madre, bufanda roja y claro, la boina para darse un aire más bohemio. El peinado, el poco maquillaje, todo preparado desde mucho antes para la gran ocasión, todo calculado minuciosamente para el gran día. Ni siquiera la ausencia de Lucas había logrado desanimarla, ella entendía, estaba tan ocupado con su trabajo de tesis que últimamente no tenía mucho tiempo para verla, pero estaba bien, era tan estudioso, tan dedicado, ella admiraba eso en él.
Llegó temprano al museo, firmó los documentos finales y caminó emocionada hacia la pared destinada para sostener su obra, sus dos fotos. Se acercó a ellas con lágrimas en los ojos, le parecieron las mejores fotos de toda la exposición, la forma en que captaban la luz, el primer plano. Intuyó su nombre al lado de cada una porque las lágrimas no le permitían ver los detalles.

Se dio unos minutos para disfrutar tanta dicha, pasó el resto de la mañana hablando con otros expositores, con visitantes que se acercaban a preguntar detalles que ella explicaba emocionada. Pasado el medio día salió a comer algo y al regresar al museo lo vio, primero pensó que sus ojos la engañaban, caminaba en dirección a la entrada del edificio con la camisa de cuadros que ella le había regalado, no podía creerlo, no podía ser él, debía estar en casa trabajando en su tesis, no en el museo. Pero sí, era él, decidió seguirlo para asegurarse de lo que veía, las piernas le temblaban, las manos también, en la cabeza le hervía la sangre. 

No pudo más, se recostó contra el muro y sus piernas cedieron, se quedó ahí sentada, abandonada contra la pared mientras él se alejaba por el corredor, perdiéndose en la curva, abrazando a una mujer a la que besaba a cada paso.