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27 de diciembre de 2024

Exclusiones de año nuevo

Hay propósitos de año nuevo que estoy pensando en vetar definitivamente.

 

El más importante, hacer una cosa a la vez. No sé si les pasa, pero yo me pongo manos a la obra con algo y en el proceso abro mil tareas y al final cierro pocas y casi nunca la tarea original, verbigracia:

 

Decidí que voy a ordenar mi estudio, llevo tres años en esta nueva casa y aunque al llegar le di un orden a mis cosas, siento que mi estudio sigue siendo un lugar impersonal que me gustaría ver de otra forma, más acogedor, personalizado, un espacio en el que me vea reflejada. Acto seguido, entro con toda la decisión y antes de empezar, prendo mi computador para poner música, sin música no trabajo. Al prenderlo me acuerdo de un tema que tengo pendiente con mi plan de salud, entonces, ya que lo prendí, voy a la página correspondiente y reviso si ya lo solucionaron. Pero claro, primero la música, hay sugerencias de música nueva, escucho el principio de un par de canciones, mejor un podcast, veo varios, no, una emisora de R&B.

 

No hay respuesta, tienen una opción de contactarlos por chat, voy al WhatsApp y veo que la aplicación no abre, está duplicada en mi pantalla.

 

Busco la configuración, y tratando de llegar al lugar en el que puedo borrar las apps, me encuentro con la configuración del escritorio, tengo un fondo que ya no me emociona, año nuevo fondo nuevo, voy a aprovechar para cambiarlo. Las opciones disponibles no me gustan, mejor una foto de las que he tomado, no están en mi escritorio, tengo algunas en el Dropbox. Pero ¿qué está sonando? me enloquecí, la opción de emisora no fue la mejor, a ver, Andrés Cepeda…

 

Me gasto media hora decidiendo si quiero tener de fondo mar o montaña, mejor ambas, dónde estarán las de ese lugar que me encanta… Finalmente pongo una y ¿qué estaba haciendo? claro el WhatsApp, no, la letra de la canción me distrae, cambio a la música relajante Cat Music, hay nuevos listados, me voy por el que tiene la foto de un gatito durmiendo, bueno, ahora si logro borrar la aplicación duplicada, pero al abrir la otra me pide actualizarla, y mientras lo hace me pregunto cómo puedo concentrarme en algo con la cantidad de cosas que hay sobre el escritorio.

 

Primero lo despejo para así poder seguir, guardo algunas cosas y regreso a la pantalla, hace días que no escribo, definitivamente necesito una aplicación o por lo menos un cuadro de Excel que me ayude a organizar mi tiempo, así me puedo enfocar en lo que tengo que hacer y puedo disciplinarme ligeramente con los tiempos, voy a googlear a ver que encuentro, y no he usado la opción de IA de mi celular, vamos a ver cómo funciona, puede que encuentre algo que me sirva.

 

Media hora después de hacer pruebas que me dejan encantada con la IA siento que se me están congelando los tobillos, me paro para buscar unas medias y encuentro el vaso de jugo que dejé cerca a la escalera esperándome para que lo lleve a la cocina. 

 

Llego a la cocina, hay un par de platos que lavo con el vaso para dejarla ordenada. Y ya que estoy ahí pues de paso como algo para no tener que bajar después.

 

Al subir decido que ya es muy tarde y está haciendo mucho frio como para ponerme a ordenar, mejor apago el computador, no sin antes probar si el WhatsApp quedó funcionando y de paso responder unos mensajes…

 

Y que no sea muy evidente que pensaba enumerar varios propósitos para eliminar en este nuevo año.

7 de enero de 2020

Reflexiones de Año Nuevo


Andar por la vida es como manejar por Bogotá, le dan a uno un cursito básico (al menos los que nos preocupamos por tomarlo) y salimos a la calle a practicar: embrague, primera, freno, mirar para un lado, arrancar despacio. Así como cuando somos jovencitos y todo es nuevo y todo nos asusta, vamos andando, vamos cogiendo práctica y nos atrevemos a acelerar cuando vemos una vía sin desocupada, nos metemos en una relación o conseguimos un préstamo, entonces, cuando todo se ve bien, de la nada nos sale un camión, nos invade el carril y tenemos que frenar intempestivamente para no estrellarnos. Quedamos con el corazón en la mano, al borde del infarto, mientras el camión se pierde tranquilamente en la distancia. El camión podría ser nuestra primera decepción amorosa o perder el empleo cargando encima tremenda deuda. Y así, seguimos por la vida queriendo avanzar y esquivando conductores que no aprendieron a manejar sus vidas o a otros que manejan tan mal que hay que darles espacio para evitar que nos estrellen.


De vez en cuando también nos fallan los reflejos y terminamos con la vida abollada por uno de esos mal intencionados, por uno que va distraído haciendo daño o simplemente porque creemos que ya dominamos el arte de andar por la vida y nos distraemos.

Entonces ¿cuál es el éxito en la vía/vida? En estos años que llevo manejando la mía, he aprendido que no importa cuánto cuidado tengas, mientras manejes existe siempre el riesgo de que le pase algo a tu andar. Que te cierren, que te rayen, que te toque frenar de improviso y te quedes sin aire, que de alguna forma te afecten los demás conductores o que simplemente caigas en un hueco y se te dañe un eje. 


Hasta estando parqueado, en total tranquilidad y sin acercarte a los demás, te puede caer un ladrillo en el capó. Esa es la vida, hay que saber conducirla, aprender a ser cada vez más previsivo, andar por el carril propio y guardar una buena distancia para poder contar con el espacio suficiente para evadir a los que se creen Montoya o a los que no han aprendido a cambiar de carril, pero siendo conscientes de que mientras estés vivo, siempre vas a tener a tu alrededor peligros que pueden afectar tu vehículo. 


Dediquemos este año a consentirlo, una buena lavada de conciencia, una polichada de comida sana, una reparadita de motor haciéndonos exámenes para controlar el colesterol y los triglicéridos. Dediquemos tiempo y dinero a nuestra nave y no olvidemos afinar los frenos para tener con qué reaccionar cuando sea el momento.