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11 de septiembre de 2012

Las mujeres y el fútbol

Cada día es más común ver mujeres a las que les gusta el fútbol, compran la camiseta de su equipo, van al estadio a madrear al árbitro, se saben el nombre de los jugadores, los equipos y hasta la posición en que juegan. Algunas son comentaristas deportivas en los noticieros y otras más pequeñas lo practican y participan en la selección del colegio, porque además ya los colegios tienen fútbol para niñas. De lo anterior digamos que podría gozarme la gritada de madrazos en un estadio a un fulano que nunca voy a ver de cerca, y se podría rescatar que traté de armar un partido de fútbol en mi colegio solo para llevarle la contraria a la directora que gritaba enfurecida por la ventana “las niñas no juegan fútbol”; el resto no lo entiendo pero lo respeto y me parece admirable que se apasionen por el que parece ser el único deporte válido en nuestro país.

Pero existen otras mujeres que leyeron en Vanidades o en Cosmopolitan los “diez consejos para conseguir un hombre” y se aprendieron solo uno que decía “dí que te gusta el fútbol: para los hombres es muy atractivo y hasta afrodisiaco que a una mujer le guste el fútbol” esas son las que no me paso, se encuentran fácilmente en una sala frente a un gran televisor, rodeadas de hombres, posibles presas, viendo un partido Colombia-Argentina gritando emocionadas que les encanta el fútbol, al minuto 12 la fémina dice “los de Colombia son los de rayitas azules, ¿cierto?”, en ese momento, yo que detesto el fútbol y que no tengo ni idea de quién es Falcao, bueno, ahora después de ver la propaganda de Despegar y de un par de preguntas que hicieron reír a mi marido sé quién es Falcao, siento ganas de matar a la niña por creerle a la revista, por no haber visto nunca la bandera y por tener la inteligencia arrumada bajo el esmalte azul metalizado de las uñas.

A esas mujeres que, sin tener la más remota idea de cómo funciona, quienes lo juegan, o de qué se trata el famoso deporte, pregonan que les encanta y buscan marrano para que las lleve al estadio a comer gallina fluorescente, a esas las soporto menos que al fútbol. Y siento un gran pesar por los deportistas que tratan de sobresalir en otras disciplinas en un país en el que sólo hay presupuesto para el fútbol, sólo se patrocina el fútbol, la sección de deportes de los noticiero es 90% fútbol y yo que no tengo ni idea del tema me pregunto ¿cuántas copas, cuántos oros, cuántos reconocimientos a nivel mundial hemos tenido por el fútbol? En cambio ¿qué porcentaje de los apoyos al deporte se han invertido en levantamiento de pesas, en patinaje o en bicicross?

Bueno, no opino más para no terminar haciendo preguntas de mujer de Vanidades…

16 de abril de 2012

El Tansmilenio y Yo.

7:15 AM ya he pasado varios minutos viendo desde el vagón de la estación a las personas que pasan en sus carros hacia el centro, en trancón, pero sentados y cómodos, sin calor ni frio, seguramente escuchando música; viene un A70 que emoción, ese me sirve… repleto, tres minutos más, cuatro, un H70 bueno, ese también me sirve… repleto, a mi alrededor unas diez personas que resignadas esperan conmigo, un H73 que no sé si me sirve o no, repleto, un jovencito nos empuja y se sube en los cinco centímetros que dejan libres los pies de las personas que viajan apretujadas contra la puerta del bus. Se cierra apiñuscándolo contra la gente y la puerta le aplasta los converse blancos, pero logra irse.
7:25 AM He contado 8 buses desocupados con el ET y no es el extraterrestre, es “En Transito” prendido, trato de no llenarme de rabia de ver buses pasar sin gente cuando solo en la puerta en la que espero me empujan más de 25 personas que hacen el intento de apretujarse en los buses que pasan atiborrados; en la autopista veo a la campeona de las maniobras peligrosas, una jovencita en un twingo que se está delineando con un lápiz sobre las pestañas ¡con el carro andando!, vale anotar que ella va manejando, ¡hágame el favor!
7:40 AM Dejé de contar, aunque no pasan muy seguido pasan, pero repleto es un adjetivo que se queda corto para describir el estado en que viene cada uno, las puertas se abren dándole un respiro a las maletas aplastadas entre los vidrios, los del tumulto que se armó a mi espalda empujan y se lanzan pero aunque llevan toda la fuerza de los participantes de “Duro contra el muro” no logran entrar a los buses y claro, quedan de primeros en la fila, dejando a los que llevamos una eternidad esperando mucho más atrás, el calor humano es evidente y yo tengo chaleco, chaqueta y bufanda, pero ya somos tantos y tan apretados que no hay posibilidades de que me quite ninguna de las prendas descritas.
7:55 AM Mi hora de entrada a la oficina es 8:00, me demoro 12 minutos caminando desde la caracas, el bus se demora como 9 minutos en llegar a la estación, por lo que ya voy por lo menos veinte minutos tarde, pienso en ir a otro vagón donde pueda subirme a un mochilero, pero tengo tanta gente detrás, que salir de ahí va a ser tan difícil como entrar a un bus, así que conservo la esperanza de que algún ET se convierta en un A70 y yo logre al menos subirme.
Ya no sé la hora, es imposible levantar mi mano para ver el reloj, paró un A70 del que se bajaron a punta de empujones y codazos un par de personas, yo aproveché el desorden y me apretujé para poder subirme, estiro un brazo para agarrarme del tubo que está diseñado para europeos de más de 1.80 de estatura en un país subdesarrollado donde unas pocas mujeres llegamos al 1.60, se subió tanta gente conmigo que cuando decido bajar el brazo, porque agarrar el tubo es imposible, me doy cuenta de que ya no hay donde acomodarlo y al pobre le toca irse alzado en posición de “Heil Hitler”; finalmente logro llegar a mi destino y bajarme en la en la estación, pero llevo tanto tiempo de pie entre esperar y apretujar, que la subida me parece eterna, los pies me duelen y pienso que con gusto voy a pagar la cuota del carro, aunque no tenga para almorzar, que sonreiré feliz en el trancón diario y aguantaré agradecida las cerradas de los buses y las mil motos que aparecen de la nada haciéndome frenar en seco.