27 de abril de 2011

Esperaré...


Hace 36 años que no lo tenemos para cantarle el feliz cumpleaños o para prepararle alguna sorpresa de esas que le encantaban; lo recordamos si, con una misa o con oraciones personales, pero ya no podemos celebrar “un año más de vida”.

A veces cuando estoy sola hago el ejercicio de imaginar cómo habría sido mi vida si lo hubiera tenido a mi lado, si existieran en mi historia recuerdos de sus gestos, de su voz, si supiera como era, no por referencias o por los cuentos de los demás, si lo hubiera conocido y pudiera atesorar algo de su vida en la mía.

¿Habría estudiado lo que estudié, habría estudiado dónde estudié, habría trabajado en lo que trabajé y salido con las personas que salí, habría dado tantas vueltas antes de sentar cabeza, habría sido rebelde como lo fui? Seguramente no, seguramente mi vida habría sido más ordenada, más callada, más sumisa, posiblemente la personalidad que tengo se habría moldeado de otra forma al contar con una figura paterna supongo yo algo represiva y controladora, habría sido más borreguito o quien sabe, tal vez más altanera. Me pregunto también si habríamos sido amigos o si tal vez mi adolescencia habría podido ser más complicada de haberlo tenido conmigo.

Me pregunto si habría sido una niña juiciosa y le habría permitido facilitarme todo, si habría caminado ordenadamente por una senda limpia y prescrita, me pregunto si ésta fuerza y ésta barraquera que me han caracterizado serían parte de mi forma de ser viviendo una vida diferente a la que viví.

Es muy difícil desde este plano humano entender porque pasan las cosas, supongo que al llegar a otra dimensión y ver la maqueta desde lo alto pueda comprender el orden perfecto y hasta estar de acuerdo con lo que debía pasar, pero desde mi humilde suelo no lo comprendo y me pregunto cómo es posible que los buenos desaparezcan antes que los malos, cómo es posible que hayamos tenido que privarnos de tenerlo, nosotros que no hemos cometido errores tan graves en la vida.

Esperaré como dice la canción, para más adelante encontrarlo y vivir en otro contexto el placer de conocerlo, esperaré para finalmente entender el porqué de las cosas, esperaré para poder verlos felices juntos, para poder vernos felices juntos, esperaré…

23 de marzo de 2011

La Tercera - Primer capítulo

La reunión estaba programada para las dos de la tarde y se preguntó porque no la había cambiado para las tres, -esa costumbre absurda de la gente de poner reuniones justo después del almuerzo- pensó. Faltaban cinco minutos para las dos y unas veinte cuadras para llegar a Cubículo la empresa en la que lo esperaban; ni volando iba a alcanzar y menos con el trancón que empezaba a formarse unas cuadras adelante, el estrés lo hacía manejar diferente, era más agresivo y no le importaba cerrar a alguien o saltarse una fila para cruzar, cosas que en condiciones normales nunca hacía. Concentrado en imaginar una vía diferente para huir de la congestión, sintió que alguien le golpeaba el hombro mientras lo llamaba por su nombre, dio un salto al tiempo que su brazo hizo un movimiento brusco y el Bora dio un giro a la derecha, un Optra que venía en ese carril un poco más atrás lo esquivó con dificultad mientras su conductor se pegaba al pito, recuperó el control y regresó a la fila asustado, el del Optra con el que había estado a punto de estrellarse lo cerró mientras su conductor le gritaba “loco hijueputa”.

Se detuvo a un lado con las luces de parqueo encendidas, giró su cuerpo y se inclinó para revisar el piso y las sillas de atrás, era absurdo pero buscaba a alguien dentro del carro, notó su respiración acelerada, bajó la ventana para que entrara aire mientras que trataba de explicarse lo ocurrido, definitivamente no había nadie en el carro, entonces ¿quién le había tocado el hombro?, ¿se lo había imaginado?, ¿era posible que la simple imaginación hubiera creado una sensación tan real en su hombro? El reloj lo acosaba, ya eran las dos, prendió el carro y trató de arrancar, pero al sacar el embrague se percató del temblor en su pierna, el carro también lo notó y se apagó; lo intentó de nuevo y al no dejar de temblar el vehículo cajoneaba y se apagaba; respiró profundo y se dio cuenta de que tenía que calmarse para poder seguir.

Estaba detenido en la mitad de la avenida, una tienda de barrio desentonaba en medio de los edificios de fachadas en vidrio y acero, entró y pidió una botella de agua - Mil quinientos - le dijo una señora desaliñada, buscó en el bolsillo el porta billetes Mont Blanc, sacó uno de dos mil viendo sus manos temblar y le pagó a la señora, la dejó con la moneda de quinientos estirada en la mano y se subió de nuevo al carro, no daba propinas a menos que las pagara la empresa, pero detestaba cargar monedas. Con dificultad por el temblor destapó la botella y se tomo un par de sorbos que se negaban a bajar por la garganta. Respiró profundo tratando de relajarse; irónicamente los cantos de Enigma lo regresaron a la realidad, era su celular “Oficina” decía la pantalla,

- ¿Aló?
- Señor Rugeles están llamando de Cubículo
- Si, ya sé, estoy en un trancón, dígales que si me pueden esperar diez minutos, si no, cancele la reunión - y cortó la llamada.

Cerró los ojos, respiró, un sorbo más de agua; ya su brazo no temblaba y se convenció de que lo había imaginado todo, de nuevo sonó el celular

- ¡Qué pasó! - dijo con tono molesto
- Lo esperan para la reunión - dijo Liliana,
- Está bien, llego en unos minutos.

Finalmente pudo arrancar sin problemas, no tenía cabeza para pensar en rutas alternas así que resignado siguió lentamente tras los demás carros, subió el volumen de la música para no escuchar “voces imaginarias” y llegó a la reunión antes de las tres.

31 de enero de 2011

Comer, rezar, amar...

Comer

¿Y ahora cómo? El colon irritable es el mal de los cuarenta más jarto que hay, no salsas, no condimentos, no lácteos, frutas sí, pero solo algunas, no granos, verduras muy pocas igual como pocas y de las pocas que como no se puede la mitad, no azúcar, no gaseosa, pero en cambio jugos de cajita tampoco, no nada. Entonces esa parte de la película no voy a poder cumplirla.

Rezar

… para que Julia Roberts pudiera rezar viajó a la India a que le enseñaran a meditar; yo con mi presupuesto podría pagar clases de Yoga en grupo en Colsubsidio y meditar en el parque de la casa rodeada de niños gritando y jovencitos saltando en tabla.

Amar

Bueno, eso es más fácil, pero me queda faltando la playa, la cama escondida en medio de velos movidos por la brisa, la isla con los 400 loros y la lancha.

5 de noviembre de 2010

40 años

En estos cuarenta años he tenido tiempo de crecer, de aprender, de explorar, de conocer, de vivir, de sentir, de amar y de llorar, de volver a amar y volver a llorar y de amar de nuevo. He tenido tiempo para sufrir, gritar y pelear por pendejadas, pero con el paso de los años también aprendí a no sufrir por lo que no vale la pena; la vida me ha dado dolores reales, tristezas reales que afortunadamente han sido pocas y me han servido para aprender a levantarme con fuerza y berraquera dispuesta a seguir adelante para disfrutar con más ganas y más intensamente las felicidades.

En estos años he aprendido a apreciar lo que recibo, a recargarme de energía abrazando un árbol o sintiendo el sol en la cara y también he tenido la oportunidad de encontrar el placer supremo, la felicidad máxima, la satisfacción inmensa de un abrazo de Sofi, de una carcajada con su Tita, de reírnos juntas de papá.

Después de vivir eso, bien vale la pena lo sufrido, después de haberla conocido y tenerla en mis brazos solo pido otros 40 años para verla crecer y disfrutar que desde sus 4 años se burle de mí. “Gracias a la vida” cantaría Mercedes Sosa, gracias por “mi pequeño tesoro” como dirían los de Presuntos Implicados, gracias a Dios por darme esta familia tan hermosa, gracias a los que se han puesto en la tarea de ser mis amigos. Gracias a la vida por tantos años de felicidad y por la satisfacción de haber vivido intensamente lo que me ha tocado. Si así son los próximos cuarenta, que vengan con todo que aquí se les recibe.

1 de octubre de 2010

Publicar...

El 1ro de octubre del año 2010, en medio de carpetas pendientes de archivo, avisos en el Outlook de cosas por hacer, empecé la tarea de enviar la carta de presentación y mi “propuesta editorial” siguiendo las instrucciones que encontré en una página de escritores.
Con dolor de estómago, llena de inseguridades y dudando cada paso empecé a enviarlas anotando en un cuadernito el nombre de cada agencia para no repetir, emocionada como si con el envío de estos correos ya tuviera mi libro publicado. “Soñar no cuesta nada” me repito, pero también pienso que este texto lo podré utilizar en alguna entrevista cuando me pregunten “y cómo fue el proceso para la publicación de su primer libro”

¿Sabrán los agentes literarios cuantas ilusiones cuelgan de cada correo enviado?

17 de agosto de 2010

Olvido

En un texto del Dr. Johnny Campos F.R. CMP: 7813 encontré la siguiente frase: “Recordar es volver a vivir y olvidar es recordar sin sentir“

Olvidar es una palabra tan complicada, según las terapias que exponen algunos médicos se puede “olvidar” un hecho desagradable, un abandono, una traición, un mal de amor. A punta de terapia, hipnosis, charlas, grupos, etc, nos aseguran que vamos a poder olvidar, ¿pero es real? Que deje de doler lo creo, después de mucho tiempo, tiempo que es directamente proporcional al dolor sentido en la experiencia, pero ¿olvidar?

Según el RAE: olvidar(se). ‘Dejar de tener en la memoria algo o a alguien’, ‘dejar de tener afecto a alguien o algo’ y ‘no tener en cuenta algo o a alguien’

Entonces, entre más leo sobre lo que es olvidar más me confundo, para mí olvidar es borrar, deshacer, eliminar algo. Si olvido el número de teléfono de la casa en la que viví cuando era niña, pues no puedo recuperarlo en mi mente y por más esfuerzos que haga ya no está ahí, por eso me parecen simpáticas las terapias de olvido y me pregunto si después de haber amado a alguien durante años, después de haber llorado por una traición, después de haber sido golpeado de forma dramática por la vida es posible olvidar, tratar de buscar la experiencia traumática y no encontrarla? Pues según las teorías lo que se hace es recordar la experiencia sin que duela, pero toda la historia está ahí, entonces ¿a eso se le puede llamar olvidar?

“Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”

Poema XX de Pablo Neruda

Entonces, ¿tendré errado mi concepto de olvido?...

3 de agosto de 2010

Martina y la muerte

El primer cuento que leí con la conciencia de qué era un cuento se llamaba Martina y la muerte, leerlo era parte de un ejercicio de la clase de Español en la universidad. Después de analizarlo y diseccionarlo, la tarea era escribir uno. Llegué a casa con la angustia de enfrentar la hoja en blanco y al empezar a escribir, me salió tan natural, no se si el resultado fue bueno o no, tengo que buscarlo abandonado en algún cuaderno de esa época, pero lo valioso del ejercicio es que me atreví a escribir. Ahora, después de mil años de vida me atrevo a soñar con ser escritora, este blog es parte de ese sueño.

Si alguien tiene el cuento de Martina y la muerte del que no recuerdo el autor, me encantaría tenerlo aquí publicado.