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27 de septiembre de 2017

Qué habría pasado si...



Hay días en que me sorprendo en el ejercicio de pensar qué habría pasado si… y me detengo en tantos momentos importantes de mi vida en los que he estado frente a dos o más caminos y en los que he tenido que optar, a veces no tan conscientemente, por uno de ellos. En el presente, luego de vivir durante años las realidades que me han traído mis elecciones, me detengo y pienso qué habría sido de mi vida si hubiera escogido otro camino. Entonces se abre un universo de posibilidades y opciones de lo que habría podido ser.



Me imagino siguiendo mis impulsos de adolescente que quiere cambiar el mundo, montada en un bote con ropa gruesa e impermeable, llena de coraje enfrentando con frascos de olor nauseabundo a un gran barco ballenero y con la seguridad de que con rescatar a una sola ballena lo estoy logrando. O me veo en el deseo de muy joven de dedicar mi vida a ayudar en lugar de estudiar, en medio de una tribu, alejada de la sociedad enseñando a niños desnutridos a alejarse de la muerte. O me encuentro de frente a un primer amor que no quería grandes responsabilidades en su vida, ante la posibilidad de un embarazo joven, aceptando el reto de sacar adelante a un hijo, sola, trabajando de sol a sol para poder pagarle los estudios y verlo graduarse con el sabor agridulce del logro, mezclado con la amargura del abandono. O me veo pasando por un ambiente en el que lo normal era ver a unos pocos consumir algo, ver a los demás beber sin medida y yo dejándome arrastrar, recorriendo calles con delirio de abstinencia buscando desesperadamente algo que meter en mi nariz. O enamorada del tipo equivocado, sufriendo las decepciones de compartir mi techo con una pareja egoísta que se enreda con cuanta persona se cruza en su camino.

 


Después de milies de panoramas, lo que si tengo claro es que ninguno de los giros que imagino me lleva a lo que soy ahora, a la mujer reflexiva, a la que goza sentada frente al computador creando historias, a la que suspira con una sonrisa en la boca viendo los árboles del parque desde la ventana, a la que cada mañana agradece al cielo por la suerte de estar viva y de ser quien es.

23 de agosto de 2013

Colcha de retazos

La vida es una colcha de retazos, con cada vivencia, cada persona, cada experiencia, sumamos un cuadrito a nuestra colcha y esa suma de colores, texturas, estampados es lo que hace al final un todo, una historia.
En vi vida afortunadamente, he podido recolectar variedad de trocitos para mi colcha, y si miro lo que he cosido hasta ahora, se escapan de mi un suspiro y una sonrisa. Han sido tantas las personas que me he cruzado y tantas las enseñanzas que me han dejado que no puedo más que sentirme plena y satisfecha. Sé que falta mucho camino por recorrer y muchos más colores por sumar, pero lo que llevo tejido en mi colcha me llena de felicidad.

Cada persona ha dejado algo para esta recopilación de experiencias, del primero al último han aportado, las carticas de amor dobladas con forma de camisa, toda la historia que aprendí de Bogotá, sacarle gusto a las canciones de Inxs, recibir mensajes en servilletas, descubrir la música de Presuntos Implicados, o las sinfonías de Mahler, comer patacón, disparar bolitas de pintura por la ventana, recorrer la universidad bajo una lluvia torrencial y sin sombrilla, un beso bajo esa lluvia sintiendo las gotas mezclarse con las lenguas, comer empanada con ají al lado del Támesis, bailar durante horas robando miradas a los demás en la pista, estudiar francés sobre el pasto en un día soleado, jugar bolos hasta que nos apaguen la pista, el placer de un cigarro con Henessy, caminar por una playa con mi mano en otra mano, sentir como el corazón se acelera al abrir una caja de rosas; son tantos los recuerdos y las sensaciones, son tantos los instantes guardados en el alma. Qué delicia que es vivir, y aunque en la colcha también hay telas grises y desteñidas, en medio de tantas flores, pepas y cuadros se ven hasta bien.