Soy una persona positiva, trato de ver siempre el
lado bueno de las cosas, de la gente, de la vida. Tengo una buena vida, no me
puedo quejar, y me enfurece no poderme quejar, porque hay días en que siento
que todo es una mierda, que estoy en el lugar equivocado, haciendo las cosas
equivocadas y me encantaría no levantarme de la cama o levantarme y abrir la
puerta de mi cuarto y encontrarme con el mar o con una leve colina llena de
flores. Echarme sobre la arena o el pasto a ver las nubes pasar sin un
objetivo, sin afán, sin rumbo y volverme nube y olvidarme de todo y pasar sobre
una fulana acostada en la arena o en el pasto y volverme ella, sin afanes, sin
rumbo.
"En blanco" es como me siento a veces frente al computador, frente al cuaderno, frente a la vida.
25 de junio de 2013
26 de abril de 2013
Camino a casa
La arrullaba el golpeteo de las gotas
sobre la delgada tela de la sombrilla, disfrutaba el aire nocturno, frío,
con su olor a pavimento mojado. Dentro de la chaqueta su piel estaba tibia, no
sus pies, la lluvia le empapaba el pantalón de la rodilla para abajo.
Su paso constante y monótono, el ruido
del agua y el cansancio le cerraban los ojos, probó dejarlos, el chasquido del
agua recién pisada la regresó al caminar, debía cuidarse de no pisar los
charcos, pero ya sentía la humedad del agua entre los dedos, entonces, para qué
evitarlos. El rítmico sonar de las gotas la hipnotizaba, la semana de trabajo
le pesaba en los párpados, sus propios pasos cadenciosos la acunaban.
Dejó que se cerraran, no luchó más, se
quedó dormida.
22 de febrero de 2013
¡¡Que viva la costa!!
Espero que ningún lector se tome esto personal, yo se que no se debe generalizar, pero es un "caso de la vida real" aunque yo lo sufrí espero que ustedes lo disfruten:
Notaria 2da: Notaria
Yo: Señorita buenos días,
necesito una copia de un registro civil de nacimiento
N2: Mmm eso e con Merly, llamá
otra vez y marcás la 102
Yo: Estoy llamando de Bogotá, ¿no
puede pasarme la llamada?
N2: Mmm no, es que tá ocupa,
llamá otra vez y marcás la 102
5 minutos después
Yo: Señorita, estoy tratando de
comunicarme con la extensión 102 pero no logro que me contesten
N2: Mmm (a gritos) Merly cuelga
bien que hay una llamaa! ya, llamá otra vez y marcas la 102
Yo: ¿Y no puede pasarme la
llamada?
N2: E que taba mal colgao, pero
llamá otra vez y marcás la 102 (pi, pi pi)
Yo: Merly buenos días, necesito
una copia de un registro de nacimiento
N2: Ahhh, es que ese trámite
tienes que hacerlo aquí
Yo: Si, es que llamo desde Bogotá
N2: Y tienes el folio?
Yo: Si, es el folio xxx del tomo
xx
N2: Perate (a gritos) Dilsa ¿el
folio de nacimientos ta ca?
(un minuto, dos, al fondo se oyen
risas y música)
N2: Mira e que los folios, perate
(a gritos) ¿en el adchivo?
Tienes que llamar al adchivo
hitórico de Catagena
Yo: Me puede dar el número?
N2: Búcalo en el diretorio
Yo: Es que llamo desde Bogotá
N2: (a gritos) Dilsa cómo es el
número del adchivo? Mira es el 66 44 xxx
Yo: Gracias
**
Yo: Buenos días, necesito una
copia de un registro de nacimiento
Archivo Histórico: Eso lo tienes
que hacer en la notaria
Yo: Acabo de hablar con la
notaría y me dieron este número, me dijeron que ellos ya no tienen los archivos
AH: Anda q ete es el Agustín
Codazzi
Yo: (Ligeramente emputada) y usted
me puede dar el número del Archivo Histórico
AC: Tienes que llamar al 113
Yo: (Un poco más emputada) Gracias
Después de llamar al 113, bajar
en Internet el Directorio Telefónico de Cartagena y googlear todas las páginas
posibles descubro que el HP teléfono del archivo Histórico de Cartagena no
aparece en ningún lado, así que resignada marco unas 8 veces más a la notaría
hasta que finalmente algo parecido a un ser humano me contesta
N2: Notaria
Yo: Gracias, es que estoy
tratando desde hace un par de horas de conseguir un registro/ y en ese momento
la amable funcionaria de la Notaría Segunda me pone musiquita que después de 5
minutos se corta.
De nuevo, ahora muy emputada
marco por lo menos 8 veces más hasta que me contesta alguien en la extensión
102
N2: Notaría
Yo: Mire señorita, estoy desde
esta mañana tratando de conseguir una copia de un registro civil / (la señorita
me interrumpe)
N2: Eso e con el adchivo hitórico
Yo: Si, ya sé, pero el número que
me dieron resultó ser del Agustín Codazzi
N2: Ahh, y tienés en que anotá?
Yo: Si, dígame
N2: Maca el 66 47 xxx
Yo: Gracias
Marco, y no hay ni con quien
pelear, porque el número suena como desconectado!!!!!
Entonces respiro profundo y creo
que el universo se está confabulando y mi hija va a terminar casada con un
futbolista costeño, fanático del vallenato, no joñe!
8 de noviembre de 2012
La Moda
A veces, cuando salgo de la oficina, me cruzo en el
corredor con una señora que me saluda tímidamente. Yo la veo, la analizo y
pienso que su juventud se debió dar en plenos años setentas; seguramente por esa
época consiguió su primer empleo y se gastó varios sueldos comprando faldas en
A con chaquetas cortas en paño muy pesado de fibras gruesas, también debió
invertir bastante en zapatos de punta chata con cinta de cuero y hebilla en el
tobillo. Seguro aprendió a dormir con rulos de plástico y compró laca Kleer Lac
de Recamier, o usó limón con azúcar cuando se acababa la laca. Las compañeras
de oficina debieron enseñarle a usar sombra azul claro en todo el párpado superior
y a pintarse los labios de carmín.
Eso está bien, uno se acomoda a su tiempo y trata de
usar lo que se usa, el problema es cuando a pesar del paso de los años uno se
queda estancado en el siglo anterior; creo que eso le pasa a la señora que me
cruzo en el corredor, ella se quedó en los años setentas y sigue usando las
faldas de paño pesado en A, las chaquetas cortas, los zapatos chatos, el
peinado en bucles que se enroscan hacia arriba gracias al efecto de dormir con
el rulo de plástico y luego llenarlo de laca (vaya uno a saber si todavía
consigue la Kleer lac o si usa limón con azúcar).
Yo la criticaba mentalmente hasta que un día, después
de cruzarme con ella, me subí al ascensor y me encontré de frente conmigo
misma, vestida de pantalón medio entubado, camisa por fuera, saquito de lana
con cuello en V y me di cuenta de que solo me faltaba el delineador negro en el
párpado inferior, el copete Alf y las uñas fucsia tan comunes como el resto de
la pinta en los años ochentas y principios de los noventas.
Entonces, tristemente me pregunté si me he quedado
estancada en la moda de la época en la que empecé a comprar mi propia ropa, y
si alguna jovencita de esas que vienen a trabajar con blusa de tiritas, falda
sin medias, zapatos de plataforma a miles de centímetros del suelo, o camisa
con medias y sin falda, me verá de arriba abajo criticando que me hubiera
acomodado a mi tiempo y que me hubiera quedado estancada en el siglo anterior…
4 de octubre de 2012
Canto rodado
Primero el frío la necesidad de
sacarlos rápidamente, luego un poco de dolor, bueno tal vez dolor no es la
mejor palabra, una sensación incómoda, cercana a eso, y la voluntad de dejarlos
ahí, un hormigueo, mejor un cosquilleo y se hace un poco más soportable, entonces
el organismo se acostumbra y la mente deja de fijarse en eso para dedicarse a
divagar.
Frente a mí el bosque con árboles danzando al ritmo del viento, entonando
sus “ues” de película de miedo, ¿es en realidad un bosque? No se parece a la
imagen de bosque de los libros de pinos ordenados con sus copas parejas y los
troncos desnudos produciendo ramas, todas de la misma altura, no, no es un
bosque cuadriculado y simétrico, es una fiesta de vegetación desigual, troncos
gruesos abrazados por otros reptantes y parásitos, barbas de San José que se
descuelgan a destiempo, arbolitos desnutridos de pocas hojas, otros gigantes
que se adivinan por la sombra inmensa que producen, arbustos tupidos, algunos
espinosos, hojas cubriendo el suelo tan disimiles como sus donantes unas
rojizas otras verdes muchas amarillas.
Un temblor, a pesar del algodón el
viento me llega a la piel y me recuerda los pies que ya casi no siento,
entonces los miro como para estar segura de que aun están ahí, el brillo del
sol haciendo colores sobre el agua y mis piernas pálidas por la distorsión, mis
dedos cortos y redondos, las uñas burdas donde se termina la delicadeza de cada
uno, más abajo las piedras, tan resignadas a esa vida de dejar pasar, solo
están ahí, solo permanecen, acariciadas por el agua cristalina o mugrienta, por
jabón o sangre y ellas allí calladas, impávidas, aterradoramente impávidas, tan
cantos, tan rodadas, entonces pienso en mí, en mi vida de dejar pasar, tan
resignada, tan impávida, tan canto, tan rodada.
11 de septiembre de 2012
Las mujeres y el fútbol
Cada día es más común ver mujeres a las que les gusta el fútbol, compran la camiseta de su equipo, van al estadio a madrear al árbitro, se saben el nombre de los jugadores, los equipos y hasta la posición en que juegan. Algunas son comentaristas deportivas en los noticieros y otras más pequeñas lo practican y participan en la selección del colegio, porque además ya los colegios tienen fútbol para niñas. De lo anterior digamos que podría gozarme la gritada de madrazos en un estadio a un fulano que nunca voy a ver de cerca, y se podría rescatar que traté de armar un partido de fútbol en mi colegio solo para llevarle la contraria a la directora que gritaba enfurecida por la ventana “las niñas no juegan fútbol”; el resto no lo entiendo pero lo respeto y me parece admirable que se apasionen por el que parece ser el único deporte válido en nuestro país.
Pero existen otras mujeres que leyeron en Vanidades o en Cosmopolitan los “diez consejos para conseguir un hombre” y se aprendieron solo uno que decía “dí que te gusta el fútbol: para los hombres es muy atractivo y hasta afrodisiaco que a una mujer le guste el fútbol” esas son las que no me paso, se encuentran fácilmente en una sala frente a un gran televisor, rodeadas de hombres, posibles presas, viendo un partido Colombia-Argentina gritando emocionadas que les encanta el fútbol, al minuto 12 la fémina dice “los de Colombia son los de rayitas azules, ¿cierto?”, en ese momento, yo que detesto el fútbol y que no tengo ni idea de quién es Falcao, bueno, ahora después de ver la propaganda de Despegar y de un par de preguntas que hicieron reír a mi marido sé quién es Falcao, siento ganas de matar a la niña por creerle a la revista, por no haber visto nunca la bandera y por tener la inteligencia arrumada bajo el esmalte azul metalizado de las uñas.
A esas mujeres que, sin tener la más remota idea de cómo funciona, quienes lo juegan, o de qué se trata el famoso deporte, pregonan que les encanta y buscan marrano para que las lleve al estadio a comer gallina fluorescente, a esas las soporto menos que al fútbol. Y siento un gran pesar por los deportistas que tratan de sobresalir en otras disciplinas en un país en el que sólo hay presupuesto para el fútbol, sólo se patrocina el fútbol, la sección de deportes de los noticiero es 90% fútbol y yo que no tengo ni idea del tema me pregunto ¿cuántas copas, cuántos oros, cuántos reconocimientos a nivel mundial hemos tenido por el fútbol? En cambio ¿qué porcentaje de los apoyos al deporte se han invertido en levantamiento de pesas, en patinaje o en bicicross?
Bueno, no opino más para no terminar haciendo preguntas de mujer de Vanidades…
16 de agosto de 2012
Pie izquierdo
Se levantó con el pie izquierdo,
era natural, dormía del lado izquierdo de la cama. La madrugada la pasó
tapándose la cabeza con la almohada queriendo evitar el molesto zumbido de un
zancudo, empeñado en hacer de ella su cena. La ventana no auguraba un día mejor
que la noche. Estaba oscuro, parecía que no amanecía, la lluvia golpeteaba en
la cornisa.
Levantó el cepillo de dientes con
las manos húmedas y ya untado de crema se le resbaló, manchando de blanco la
camisa azul del uniforme. Salió tarde con la mancha oscura en el pecho,
renegando después de lavar el pedacito de camisa para sacarle el dentífrico.
Al llegar apresurada a la
oficina, soltó la cartera sobre el escritorio, el teléfono timbraba
desesperado, contestó y se encontró con la desagradable voz de Cristina, su
jefa, que sin saludar la regañó por no estar sentada en su puesto – ya estoy llegando
y usted como siempre tarde, me va a tocar tomar medidas – le dijo con su peor
tono. Pues que tome medidas pensó furiosa, pero debía calmarse, no podía
contestarle lo que se merecía, de hacerlo, pasaría a engrosar el abundante
grupo de desempleados del país.
Decidida a cambiar de actitud
para así cambiar su suerte, respiró profundo y se paró para ir al baño, la
manga del saco se enredó en la cartera que cayó al piso haciendo que sus cosas
se desparramaran por el suelo, el espejo con forma de flor se partió en
pedazos, el celular por un lado, la pila por otro, la bolsita de kleenex, el
cepillo lleno de pelos enmarañados, el monedero, la hebilla rosada, el
tarjetero abierto y las tarjetas regadas, el frasco de vitaminas, la sombrilla
torcida, la crema de manos. Sobre el impecable piso de cerámica blanca, sus
sombras recién compradas se convirtieron en una mezcla de polvo de colores, la
sangré se le agolpó en la cabeza mientras se agachaba a recoger el reguero.
- ¡Viviana por favor! Mire cómo
volvió el piso y ese desorden, traiga un trapero, ¡haga algo que no demoran en
llegar los señores de Colbacol y usted ahí y la oficina vuelta mierda! - le gritó
Cristina que llegaba justo en ese momento. Tras su jefa venía Julio Cesar, el
celador morboso que la acosaba a diario con sus ojos que parecían manosearla
desde lejos
- ¿Mamacita qué le dio, le ayudo?
– dijo acurrucándose muy cerca, mirándole descaradamente el botón desapuntado
de la blusa
Se le nubló la mente, Julio Cesar
a su lado con su olor a cebolla, a queso rancio, al agacharse le tocó como sin
querer la nalga, ella volteó a verlo enfurecida y sus ojos se detuvieron en el
arma que colgaba del cinturón. Haciendo gala de una habilidad insospechada la
tomó, y sin haber usado nunca una pistola, le quitó el seguro como una experta
disparando justo en el pecho del hombre, que voló un par de metros con cara de
pavor. Cristina se asomó a ver qué pasaba y la bala la devolvió de golpe, ya en
el piso la miró desconcertada
- Malparida – dijo Viviana fríamente
repitiendo el disparo, le dio un tercer balazo para asegurarse de no tener que
volver a aguantarla.
Se unió a la escena Jose
Valdivieso, el jefe de contabilidad que asustado por los tiros llegó corriendo sin
darse cuenta del error mortal que acababa de cometer, ella recordó todas las
veces que le hizo repetir los informes por mínimos detalles y en su mente se
hizo vívido ese sábado 10 de julio en que la obligó a ir a archivar a pesar de
que era su cumpleaños, también recordó ese día en que por su culpa Cristina la
gritó frente a todo el departamento, se ganó dos tiros cargados de odio.
No sabía cuántas balas le
quedaban, caminó hacia la recepción, allí estaba Angela, le daba la espalda,
Angela con sus pretensiones de modelo, Angela con sus comentarios mordaces,
Angela que le coqueteaba descaradamente a Víctor, a su Víctor mientras que la
esperaba en las tardes. El primer tiro le hirió el hombro, casi se descacha,
habría sido una lástima, rodeó el escritorio de la recepción apuntándole a la
cara con una tranquilidad aterradora, la escuchó balbucear, llorar, rogar y
entonces su dedo le transmitió todo el sentimiento que le generaba, un tiro en
el pecho, luego otro, otro más, no contó cuántos, hasta que el arma hizo un
ruidito insignificante tan diferente al estruendo del balazo. La aterradora
máquina de muerte se quedó sin munición, y ella sin ganas. La dejó caer al piso
ya inútil y caminó impasible hacia la calle, algunos curiosos miraban desde
fuera del edificio sin sospechar que la mujer de facciones relajadas que se
alejaba tranquila, acababa de asesinar a cuatro personas.
16 de abril de 2012
El Tansmilenio y Yo.
7:15 AM ya he pasado varios minutos viendo desde el vagón de la estación a las personas que pasan en sus carros hacia el centro, en trancón, pero sentados y cómodos, sin calor ni frio, seguramente escuchando música; viene un A70 que emoción, ese me sirve… repleto, tres minutos más, cuatro, un H70 bueno, ese también me sirve… repleto, a mi alrededor unas diez personas que resignadas esperan conmigo, un H73 que no sé si me sirve o no, repleto, un jovencito nos empuja y se sube en los cinco centímetros que dejan libres los pies de las personas que viajan apretujadas contra la puerta del bus. Se cierra apiñuscándolo contra la gente y la puerta le aplasta los converse blancos, pero logra irse.
7:25 AM He contado 8 buses desocupados con el ET y no es el extraterrestre, es “En Transito” prendido, trato de no llenarme de rabia de ver buses pasar sin gente cuando solo en la puerta en la que espero me empujan más de 25 personas que hacen el intento de apretujarse en los buses que pasan atiborrados; en la autopista veo a la campeona de las maniobras peligrosas, una jovencita en un twingo que se está delineando con un lápiz sobre las pestañas ¡con el carro andando!, vale anotar que ella va manejando, ¡hágame el favor!
7:40 AM Dejé de contar, aunque no pasan muy seguido pasan, pero repleto es un adjetivo que se queda corto para describir el estado en que viene cada uno, las puertas se abren dándole un respiro a las maletas aplastadas entre los vidrios, los del tumulto que se armó a mi espalda empujan y se lanzan pero aunque llevan toda la fuerza de los participantes de “Duro contra el muro” no logran entrar a los buses y claro, quedan de primeros en la fila, dejando a los que llevamos una eternidad esperando mucho más atrás, el calor humano es evidente y yo tengo chaleco, chaqueta y bufanda, pero ya somos tantos y tan apretados que no hay posibilidades de que me quite ninguna de las prendas descritas.
7:55 AM Mi hora de entrada a la oficina es 8:00, me demoro 12 minutos caminando desde la caracas, el bus se demora como 9 minutos en llegar a la estación, por lo que ya voy por lo menos veinte minutos tarde, pienso en ir a otro vagón donde pueda subirme a un mochilero, pero tengo tanta gente detrás, que salir de ahí va a ser tan difícil como entrar a un bus, así que conservo la esperanza de que algún ET se convierta en un A70 y yo logre al menos subirme.
Ya no sé la hora, es imposible levantar mi mano para ver el reloj, paró un A70 del que se bajaron a punta de empujones y codazos un par de personas, yo aproveché el desorden y me apretujé para poder subirme, estiro un brazo para agarrarme del tubo que está diseñado para europeos de más de 1.80 de estatura en un país subdesarrollado donde unas pocas mujeres llegamos al 1.60, se subió tanta gente conmigo que cuando decido bajar el brazo, porque agarrar el tubo es imposible, me doy cuenta de que ya no hay donde acomodarlo y al pobre le toca irse alzado en posición de “Heil Hitler”; finalmente logro llegar a mi destino y bajarme en la en la estación, pero llevo tanto tiempo de pie entre esperar y apretujar, que la subida me parece eterna, los pies me duelen y pienso que con gusto voy a pagar la cuota del carro, aunque no tenga para almorzar, que sonreiré feliz en el trancón diario y aguantaré agradecida las cerradas de los buses y las mil motos que aparecen de la nada haciéndome frenar en seco.
12 de marzo de 2012
Variación
Como parte de mis tareas para el curso de Cuento II, esta es una variación de un texto de "Las Ciudades Invisibles" de Italo Calvino:
Lo que hace a Argia diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene música.
Las melodías cubren completamente las calles, las habitaciones están repletas de notas y arpegios, sobre las escaleras se posa cada instrumento aferrado a su intérprete, presto a poblar el ambiente; encima de los tejados pasean como gatos las corcheas buscando fusas y semifusas para perseguir .
Si los habitantes pueden andar por la ciudad, y escuchar sus propios pensamientos en medio de tanta magia no lo sabemos. Pero estamos seguros de que para poder gozar de toda esta magnificencia les conviene quedarse quietos y tendidos, con las ventanas abiertas para que le den respiro a tantos sones.
Hay quien dice que los domingos las notas se suavizan volviéndose casi imperceptibles, que ese día las melodías se vuelven azules, melancólicas, y no queda sino creerlo. Los lugares están invadidos de baile y canto. De noche, pegando el oído al suelo, se pueden detectar las vibraciones de tambores que se quedan dormidos ya cerca al amanecer.
Lo que hace a Argia diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene música.
Las melodías cubren completamente las calles, las habitaciones están repletas de notas y arpegios, sobre las escaleras se posa cada instrumento aferrado a su intérprete, presto a poblar el ambiente; encima de los tejados pasean como gatos las corcheas buscando fusas y semifusas para perseguir .
Si los habitantes pueden andar por la ciudad, y escuchar sus propios pensamientos en medio de tanta magia no lo sabemos. Pero estamos seguros de que para poder gozar de toda esta magnificencia les conviene quedarse quietos y tendidos, con las ventanas abiertas para que le den respiro a tantos sones.
Hay quien dice que los domingos las notas se suavizan volviéndose casi imperceptibles, que ese día las melodías se vuelven azules, melancólicas, y no queda sino creerlo. Los lugares están invadidos de baile y canto. De noche, pegando el oído al suelo, se pueden detectar las vibraciones de tambores que se quedan dormidos ya cerca al amanecer.
4 de enero de 2012
Vivir más con menos
Sé que es poco original el pensamiento, pero algunas veces
me gustaría ser la persona que soy hoy pero con la mitad de la edad que tengo.
No tener responsabilidades y poder disfrutarlo, sabiendo cuánto pesa tenerlas. No
tener preocupaciones y gozar cada segundo con la conciencia de saber cómo se
siente tenerlas, pero sobre todo no enfrascarme en discusiones absurdas siendo vidente
del final de las mismas.
Tener el capital que tengo ahora, que no es mucho y poder
gastarlo sin pensar en un mañana, a mis veinte y para las cosas prácticas era
tradicional y hasta aburrida, debo admitir que lo sigo siendo, pero la mujer
que soy ahora con veinte se compraría un carro verde fosforescente, combinaría
más de dos colores en la ropa, sería más atrevida decorando, rumbearía más
tomando menos, viajaría más gastando menos, aprendería más, estudiaría más.
La que soy ahora pero con menos años buscaría trabajo en
Greenpeace, en Unicef o en la Cruz Roja sin importar el salario, se ofrecería
de voluntaria para ir a ayudar en cada desastre, se metería en los barrios más
complicados a enseñarle a los niños a cantar.
He tenido una vida feliz, en su momento loca e
irresponsable; de poder volver al pasado con la experiencia del presente lo
repetiría todo, aunque lo haría más intenso, más emocionante, y sobre todo más
responsable, viviría de nuevo lo que viví, soñaría de nuevo con lo que soñé y
estoy segura de que me lo gozaría más con la conciencia de lo que sé ahora.
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