Suena tan fácil, y en realidad lo es, es fácil de hacer porque no tienes que hacer nada.
Respiras, lo deseas y lo sueltas, te convences de que ya está hecho aunque no exista y lo dejas ir, fácil. Suena fácil, el problema es que estamos diseñados para tener el control, para revisar cómo va el proceso, para supervisar y chequear mil veces, desconfiados, dudando de que se esté dando. Eso es lo que lo hace tan complicado, si lográramos creer que es posible, si pudiéramos dejar de dudar, dejar la senda del sufrimiento que nos han enseñado, de que todo se logra a punta de sacrificio, trabajo duro y dolor, si lográramos zafarnos de esas cadenas, confiar sería mucho más sencillo.
Debemos empezar por entender que vinimos a esta vida a aprender, y aunque el aprendizaje algunas veces sea complicado y nos de dolores, también vinimos a disfrutar, a tomar lo bueno y hacer uso de los dones que traemos, somos merecedores de todas las cosas buenas que nos pasan, solo basta agradecer y vivir al máximo cada bendición, eso incluye el confiar, pedirle al universo con fe y confiar en que si lo que pedimos es conveniente, nos va a llegar así, de la nada, sin mayores sacrificios.
Agradecer por lo que tenemos, agradecer por lo que viene, darlo por hecho, confiar.
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