13 de septiembre de 2017

Vino el Papa, se fue el Papa.






Me impresiona que una figura de la importancia del mayor mandatario de la iglesia católica, se comporte como lo hace el Papa Francisco, derrumbando sin pretensiones, tradiciones y legados de opulencia y ostentación. Hacer recorridos en un carro como el que cualquier colombiano clase media puede comprar, usar telas sencillas sin brocados impresionantes, acercarse a las personas con interés genuino ignorando las cámaras. Hacer las cosas que hace portándose como un ser humano congruente con las lo que profesa es tan extraño como el personaje que se encuentra una billetera y la devuelve sin antes desvalijarla.


Y no debería ser extraño, debería ser lo normal y no sorprendernos; como debería ser normal que las personas que pregonan pertenecer a una iglesia, la que sea, que habla de amor y respeto al prójimo, practicaran esto como principio básico. Desafortunadamente no es así, entonces nos encontramos con el personaje que cumple con asistir a su culto, rezar, cantar, tomarse de las manos con sus vecinos durante la ceremonia y a la salida se atraviesa como un atarbán pisoteando a sus amados hermanos, o llega a la casa santificado a gritar a sus hijos y maltratar a su mujer.


¿Es tan difícil ser coherente? A veces siento que la coherencia es tan ajena al ser humano como el sentido común, que es el menos común de los sentidos.

29 de agosto de 2017

Uno no sabe lo que tiene… hasta que se trastea.





Escuché esto alguna vez y me pareció muy gracioso hasta que llegó el momento de cambiar de casa y me tocó vivirlo. Tomar una a una todas las cosas que has guardado, atesorado, acumulado, descuidado, olvidado. Clasificarlas, envolverlas, apilarlas, regalarlas o botarlas para poder mudarte, hace que la frase graciosa se convierta en una realidad agobiante.

Tiene sus ventajas, lo admito. Empiezas a encontrar cosas que ya no recordabas tener, libros sin estrenar, cartas del pasado, cuadernos de otra época, fotos que te recuerdan que ahora tienes menos agilidad, más kilos y más arrugas; cosas que te obligan a hacer un recorrido y un recuento de tu vida para a la final llegar a un nuevo lugar donde todo es diferente y nuevo aunque tenga muchos años.

Nueva vista, nuevos espacios, nuevos cajones y entonces reorganizas tu vida esperando que ahora, con más orden, todo sea más fácil. Ya sin cansancio, empiezas a acomodarte al nuevo lugar para darte cuenta de que a pesar de los esfuerzos, las cosas no aparecen, no recuerdas dónde las pusiste, te preguntas si se habrán perdido en el camino y todo se convierte en un nuevo caos limpio y feliz. Pero al final, haces un recuento y sin encontrar nada, abriendo tres puertas para encontrar cada cosa, pensando dónde está el interruptor cuando necesitas prender la luz, los cambios remueven tu vida y te llenan de nueva energía

¡Qué maravilla trastearse!

13 de enero de 2017

Yuliana



Ahora que el tema del asesinato de Yuliana Samboni ha dejado de aparecer en todos los periódicos, ahora que imagino a sus padres tratando de aprender a vivir sin ella, me pregunto ¿cómo se forma a un asesino? Que digo asesino, en este señor esa palabra es un halago, ¿cómo se forma a un ser tan repugnante? Así como me pregunto lo que deben estar sintiendo los padres de la pequeñita asesinada, me pregunto también que tipo de personas son los padres de un personaje que es capaz de secuestrar, torturar, violar y asesinar a una niñita de siete años, porque definitivamente somos lo que nuestro entorno hace de nosotros, si es cierto que hay rasgos de carácter que vienen de la cuna, pero nuestro comportamiento está regido por lo que aprendemos en el seno de la familia y nuestro carácter se modela con lo que vamos aprendiendo en el camino. Entonces ¿qué tantos errores cometieron esos padres para que su hijo resultara siendo un monstruo?

¿Qué hace que un ser con todas la comodidades, las posibilidades, las atenciones, resulte siendo un despiadado asesino? ¿O será precisamente el exceso de comodidad y el no haber tenido restricciones ni reglas lo que dio como resultado a este degenerado?

Hace un tiempo, en una reunión del colegio de mi hija, el cura nos contaba que se encontró con una niña de once que se cayó y se rompió la nariz, entonces él le preguntó y ¿porque no pusiste las manos? Entonces nos explicó que como padres, estamos atentos a que nuestros hijos no se lastimen y corremos como héroes a rescatarlos antes de que caigan al piso, la consecuencia: los niños no saben poner las manos cuando se caen, están acostumbrados a que alguien los salve del peligro y no tienen los medios para enfrentar una simple caída.

Me pregunto si estos padres que taparon cada uno de los errores de su hijo, que saltaron para protegerlo de sus malas acciones no son los culpables de que ahora cometa actos tan bajos y esté tan tranquilo, porque lo que hicieron los hermanos fue correr como héroes a tapar las atrocidades cometidas por el asesino y seguir así el círculo de complicidad aprendido en la casa. Yo personalmente no taparía un hecho tan desgarrador e inhumano, ni viniendo de mi propia sangre, pero por ahora y con la certeza de que en mi familia no incubamos asesinos, dejemos que nuestros hijos se caigan y se raspen la rodilla para que aprendan a poner las manos.
Acompañémoslos cuando tengan que cumplir con un castigo del colegio permitiéndoles enfrentar las consecuencias de sus errores para que el día de mañana, habiendo aprendido de lo pequeño, sepan distinguir entre el bien y el mal y escojan el camino correcto.

26 de septiembre de 2016

Escribir para vivir



A veces creo que la escritura es un vicio como tantos otros, en este momento, mi cuerpo, erizado de frio me pide que le traiga un saco, pero mi cabeza que se encarreta escribiendo no le hace caso. En muchos momentos, mi mente se emociona creando historias y necesitando desesperadamente un pedazo de papel para escribirlas, he intentado grabarlas, dictarle a una máquina lo que imagino para luego, transcribirlas en mi computador, pero así no funciona. Mi cerebro no logra poner en orden lo que quiero decir si no tiene enfrente un cuaderno con un esfero que escriba “rico” o un teclado que suene a medida que presiono las teclas. En el caso de las teclas, cuando logro una buena velocidad, mi mente se emociona y manda más y más palabras para teclear.


Por instantes mi mente se dispersa y pienso en lo que tengo por hacer, en lo que no terminé, en la tarea que me espera, pero el deseo de seguir aquí, convirtiendo en letras mis pensamientos, le ganan a cualquier otra labor, otras veces, distraída en mi cama me atacan unas ganas locas de escribir algo, entonces me paro de la comodidad y el calorcito de las cobijas, busco mi cuaderno y lo incluyo en la pereza de la cama, pongo algo de música sin letra para que no me quede divagando entre las notas y es cuando pienso que la escritura, es un vicio, una necesidad que me he creado, un disparador de mi imaginación y de mi adrenalina, un escape que me aleja de lo que esté viviendo, alegre o fascinante, no importa, las ganas de escribir ponen todo de lado y me dan un placer apenas comparable con el que debe sentir un enfermo cuando la droga que lo calma entra en su torrente. Eso quiero, inyectarme diariamente con esta droga que me hace feliz, que me dispara las endorfinas y que genera en mí una sensación de grandeza que me dura todo el día.

12 de septiembre de 2016

Ejercicio de escritura No.7: Mi no entender




Hay apasionamientos que no entiendo, veo las peleas en política por ejemplo, los que defienden el sí, los que defienden el no y me aterra la falta de argumentos, los cambian por un amor ciego por el candidato correspondiente, un apasionamiento por el fulano como si este les pagara por defenderlo, como si fueran amantes o familiares, es un tema tan irracional que no logro comprenderlo, leo los trinos, los comentarios en los diferentes medios y de verdad me pregunto si estos políticos pueden pagarle o salir y enamorar a tanta gente, es impresionante que las personas se agredan tan profundamente defendiendo a un fulano que nunca han visto de cerca y den por hecho cosas de las que no tienen constancia, cosas sobre las que juran como única verdad con la furia con la que una hembra de cualquier especie defiende a sus cachorros. De verdad que no lo entiendo o definitivamente hay algo que no se, y a estos apasionados en serio les pagan, les mantienen a la familia o les hacen favores non santos para que salgan a la calle como víboras a picar con su veneno al que piensa diferente.


Se les nubla la capacidad de raciocinio en medio de la ceguera y se hacen matar por unos personajes que seguramente se sientan a la mesa con sus más recios detractores a compartir un vinito mientras el pueblo se mata por ellos. Repetimos las historias de los godos y los liberales que podían asesinar al que llevara un pañuelo del color equivocado. No lo entiendo y me entristece que a estas alturas del partido sigamos siendo tan básicos.